En un día tan triste como el de hoy

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nacho diaz

Nacho Díaz.

No tengo familia en el Reino Unido como muchos miles de personas europeas que me encontré el sábado pasado en la manifestación contra el Brexit. Lo que sí tengo, en cambio, son un montón de amigos y novios británicos  que a lo largo de casi veinte años de mi vida se han comportado como el marido que me hubiese gustado tener, los padres que estaban lejos o las hermanas a las que echaba de menos.

Hoy, para mí y para ellos es un día triste que nunca pensamos que podría llegar.

Nadie sabe lo que va a pasar y todos nos tenemos lo peor a pesar de que nos lo intentamos tomar con humor, imaginando un futuro donde los europeos seamos exiliados a las islas más remotas de Escocia o dispersados por las bastas tierras del nuevo Imperio como mano de obra barata.

Me escapé a Londres buscando libertad y la ciudad me recibió con los brazos abiertos, ofreciéndome todo aquello que hasta entonces me había sido negado, por motivos que no vienen al caso, pero que recuerdan mucho a la intransigencia de la sociedad española.

Pensando que la hierba siempre era más verde al otro lado del canal solo después del referéndum me di cuenta que hay malos en todas partes y que tanto aquí como allí  esperan el momento más conveniente para salir de sus guaridas

Entre un opusino reaccionario, un pirado de la English Defence League, un iluminado de HazteOir o un patriota del UKIP apenas hay diferencias cuando se les da la oportunidad de hacer daño de forma gratuita para escupir demonios por la boca.

Desde el pasado junio vivo, sin poder evitarlo, en una burbuja. No me relaciono con nadie que haya votado a favor del Brexit, cuando sale la inevitable conversación de si me voy a sacar la Tarjeta de Residencia me hago el loco y cambio de tema como si la fiesta no fuese conmigo, mientras deseo con todo mi corazón el no verme envuelto en un éxodo masivo.

Londres es mi casa, como lo es para muchas otras personas europeas que desearon probar mejor suerte. Verme forzado a dejarlo sería como empezar un viaje a ninguna parte.

Por suerte el discurso que dio un enfermero español en la manifestación del sábado jurando y perjurando que no se iría a ninguna parte me dio fuerzas para no sentirme solo, apoyado en espíritu por las mas de 100.000 personas que lo vitoreaban.

Eso me quito el mal recuerdo  del día de la votación cuando un viejo perdedor de barra, con una pinta en la mano a las once y media de la mañana , me grito desde la otra acera mientras yo iba camino de la biblioteca “Mañana todos los que sois como tu estaréis fuera”.

Como es lógico la opinión de un borracho me la trae al pairo pero vivir con la idea de que puedes no ser bien recibido en lo que siempre llamabas tu casa no es una experiencia agradable para nadie.

El miedo, por supuesto, no me va a vencer y seguiré luchando por mis derechos esperando seguir recibiendo la ayuda de ese 48% de británicos que votaron no al Brexit y se sienten europeos a pesar de lo mal que esté funcionando  Europa.

Hace casi 20 años cuando empecé a estudiar Políticas lo hice estudiando la Unión Europea y recuerdo grandes conversaciones, pasada la medianoche, con un gran amigo en Bruselas que empezaba su carrera de eurofuncionario, discutiendo mis ensayos plagados de ideas Blairianas, soñando con el gran futuro de Europa y las grandes ventajas que el Eurostar nos ofrecía para mantenernos en contacto.

Hoy, pensando en todas aquellas noches sin dormir me doy cuenta que, muy a pesar de los resultados del Brexit, Europa hizo posible mi vida y mis sueños en un país que no era el mío y, por tanto, para preservar su memoria intacta en el recuerdo seguiré viviendo con todo lo que aprendí, esperando y haciendo todo lo posible para conseguir el retorno de su hija mas díscola.