El futuro de la imprenta

MADRID. Cuando hablamos del futuro del negocio de imprimir parece que adoptamos un aire sombrío. La difusión de los nuevos soportes de comunicación ha puesto en jaque a una industria centenaria. El uso el papel se ha limitado. La gestión de residuos, la reducción del gasto y la preocupación por el medio ambiente pueden ser motivos de peso para de desprenderse de este soporte.
Las pantallas son una amenaza evidente para las imprentas. La facilidad para manipular los contenidos dota a la grafía digital de una versatilidad demasiado grande para que los formatos tradicionales puedan hacerle sombra. Pero por algún motivo el resultado final de las artes gráficas se sigue imprimiendo.
La analogía común es el mercado musical. La industria discográfica se vio resentida por la difusión del mp3, pero asistimos hoy a un renacer del vinilo. Su calidad es limitada y exige disponer de un tocadiscos. El gran éxito del CD residía en su precio. Cuando apareció resultó un formato práctico, poco después el precio determinó su difusión. Hay que señalar que hasta la aparición del CD la venta de discos nunca había alcanzado cifras tan altas. Por lo que se ve que el precio seguía funcionando como los economistas predicen. Si bien el CD es un objeto palpable, es perecedero y frágil. La vida media de un CD son 10 años, que no es poco salvo que se piense en el objeto musical como un legado. El vinilo perdura por generaciones como un testimonio indeleble de un momento de la vida. Se convierte en parte alegre de nuestra herencia.
Algo similar ocurre con el papel. A pesar de sus limitaciones sigue siendo el formato preferido para los lectores. Un estudio reveló que el lector de eBook (que no ha triunfado tal como hoy lo concebimos) echa de menos el olor y la textura del libro. La industria gráfica se preocupa hoy de fabricar libros para atesorar, iluminados con bellas ilustraciones, dignos de contemplar y hojear. Es un formato pesado, sólido pero también inmediato, no precisa software.
En fotografía, la tecnología ha segado las empresas de revelado, como lo hizo anteriormente con las máquinas de escribir, pero a la imprenta digital esto no ha hecho más que beneficiarla. Los marcos electrónicos tampoco han triunfado, y la gente sigue imprimiendo las fotos que quiere ver. Se revelan menos fotos en relación a las que se sacan, obviamente, pues solamente en Snapchat se publican 8.796 fotos cada segundo. Pero es difícil establecer que el píxel haya mermado la fotografía impresa.
De igual manera, las tarjetas de visita o de regalo y las creaciones gráficas siguen plasmándose en tinta, y nadie se plantea dar un regalo en un USB, sino que da algo tangible, que llene nuestros sentidos. Por su parte la industria de la impresión tampoco ha dejado de evolucionar. Conscientes de que deben competir con la pantalla, las artes gráficas se desarrollan ahora en el ámbito de lo táctil. Troquelados, relieves, estampados y demás filigrana que evocan lo más pintoresco de tiempos pasados. Vemos cómo prolifera el uso de las técnicas especiales de impresión, pues ya no basta con dar una tarjetas de presentación tradicional, sino que son muchas las empresas que dejan de imprimir correos pero deciden aplicar su logotipo a toda su papelería corporativa, con diseños cada vez más originales, aprovechando lo mejor de dos mundos, el digital y el impreso.
Lo perecedero, las noticias del día, los emails, las fotos de la cena, se dejan para la pantalla. Cuando queremos que algo permanezca, seguimos utilizando los soportes duraderos, como extensión de nosotros mismos, algo que se quedará cuando se corte la corriente. Hoy podemos augurar larga andadura al negocio de la imprenta.