Love Democrazy

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Luis Galafel

La semana pasada Josep Guardiola salió a la palestra tildando a España de Estado “autoritario” y pidiendo ayuda a la Comunidad Internacional, bajo una enorme pancarta en la que se podía leer “Love Democracy”.

Pensé en cómo una persona, a la que siempre he creído inteligente a la par de prudente, podía manifestar semejante barbaridad. Al cabo de un rato llegué a la conclusión de que el problema es que Guardiola es un magnifico entrenador de fútbol, pero no tiene ni puñetera idea de Política ni de Derecho, como la mayoría en la que me incluyo.

Por otro lado, es fácil empatizar con la parte débil que dice sentirse pisoteada por el Leviathan del Estado que está machacando los derechos de los catalanes. No nos olvidemos que cuando hablamos con extranjeros acerca de España, hemos de capear con siglos de Leyenda Negra, de pueblos oprimidos, de fundamentalismo católico, de golpes de Estado, y de Franco.

Ahora bien, con sus vicios y virtudes, y gracias al Cielo, o más bien a la voluntad de las gentes de buena fe de este país, España lleva camino de festejar el régimen constitucional más largo de su Historia. Y la historia constitucional española no es cualquier cosa.

¿Qué estamos explicando mal? ¿Por qué dice Josep así, sin ambages, que España nos oprime? Creo que es fácil de entender que no puede existir Democracia sin Derecho, sin garantías jurídicas para defender tus derechos frente a ese Estado, por lo que no me pararé ni un segundo en explicar este asunto.

Por otro lado, para bien o para mal, en España desde 1978, la Ley que salvaguarda estos derechos de los ciudadanos es la Constitución. Ésta fue votada y aprobada por una amplísima mayoría. Y no, no es una Constitución disacorde a las constituciones de los países de nuestro entorno, sino todo lo contrario. Tiene sus especificidades porque España es un país especial (tampoco tanto). Pero lo realmente especial, lo que realmente llama la atención internacional, es el proceso relativamente pacífico por el cual España logró pasar de una dictadura a una democracia, con todas sus putas letras.

Pues bien, y para aquellos que no lo sepan, los primeros artículos de una constitución, se ponen en primer lugar para darles una relevancia especial. Y aquí nos encontramos con dos artículos que se pidieron ser “primer”.

Artículo 1.2

La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Sólo con este artículo debería valer para aclarar este tipo de cuestiones, pero como nos conocemos, que ya somos perros viejos, se apuntaló con el siguiente:

Artículo 2.

La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas.

El problema es que el Parlament, con la consabida Reforma del Estatut de Autonomía, en un juego semántico, se atribuyó una serie de competencias que por supuesto no tiene. Y se pasó por del forro “dels cujons” el artículo 1.2.

Sé que está mal y se me podrá corregir, pero me gusta pensar en el Estado y su soberanía como si fuese una gran empresa en la que cada accionista tiene su parte alícuota de poder decisión, eso sí y evidentemente, cada persona física sólo puede disponer de una acción.

Por eso mi estupefacción es total cuando una y otra vez se nos tacha de antidemocráticos cuando decimos que los catalanes no tiene derecho a votar un referéndum de independencia por separado.
Pero es que tampoco lo tienen los vascos, ni los castellanos, ni los canarios, ni los ceutíes, ni los melillenses.

Para más inri, este supuesto derecho a la autodeterminación no viene recogido en ningún tratado internacional, ni mucho menos las Naciones Unidas han reconocido este derecho a Cataluña.
Por lo tanto, si en algún momento se produjese el susodicho referéndum, al que se le estarían pisoteando sus derechos sería a mi, como ciudadano no residente en Cataluña.

En este asunto que podría resultar baladí, tiene su miga también, y aunque no quiero entrar a desarrollarlo, sería interesante plantear quiénes serían los sujetos del derecho de sufragio activo, o si cabría, que una parte de Cataluña se secesionase de la misma. Pero es que realmente, como no va a pasar, tampoco quiero darle más vueltas.

A mi si el bueno de Puigdemont llegase a las Cortes Generales y dijese: “Bueno amics, esto no funciona. Vamos a ver si podemos reformar la Constitución para que si algún día nos hartamos de tanta corrupción, de tanto amiguismo, de tantos siglos en común, y de nuestra más que evidente cultura española, pues votamos y si ganamos nos vamos a tomar a por culo a Monserrat”. Por mi perfecto, como ya he explicado anteriormente, yo también quiero un Burgos independiente, que Pucela ens roba.

Pero para que eso pueda ocurrir, se ha de reformar la Constitución por los procedimientos establecidos en la misma, es decir, que yo tengo derecho a decidir sobre mi actual país.
Jamás he sido un españolazo, jamás me verás con la típica pulserita de España, ni con un polo con los cuellos rojigualdas (esto se debe a la reciente historia de España y el mal uso que se han dado a nuestros símbolos), pero a mi ninguno de éstos me va a pisar mis derechos, como yo no voy a pisar los de ellos.

Estoy hasta los cojones de la gente que se cree en posesión de la verdad cuando no tienen ni puta idea de lo que están hablando. Que me llamen “facha” cuando, si por mi fuese el Partido Popular, debería estar prohibido hasta que haga una condena expresa de los crímenes del franquismo. Pero sobre todo me repatea que me llame antidemocrático gente que me quiere quitar mi derecho al voto.

Creo que no hay mucho más debate, pero creo que lo estamos vendiendo mal.