La perfecta activista modelo

nacho diaz

Nacho Díaz.

Estoy seguro que tras la reciente polémica levantada por la ex modelo trans de padre negro y madre blanca de L’Oréal, que produjeron su despido de la marca francesa, acusando a todos los blancos de ser racistas mucha gente se habrá indignado arguyendo precisamente aquello de “yo no soy racista pero me parece que la chica negra se ha pasado un pelo”.

Como yo no soy racista y creo que Munroe Bergdorf estaba en lo cierto supongo que no necesito ninguna excusa para criticar a todos aquellos que la han insultado y vilipendiado sin tener razón alguna, haciendo uso de la misma supremacía blanca que ella criticaba.

Nada sabía de tal polémica hasta que, por casualidad, la escuche hablar en televisión defendiendo sus valientes declaraciones. Por no saber, no sabía ni que Munroe existía y después de verla me he sentido 20 años más joven porque sus palabras me devolvieron a mis estudios sobre el colonialismo, el racismo, tal vez el marxismo, y también a muchos de los principios fundamentales del Gay Liberation Front de los 70, además de los inicios del Second Wave Feminism.

Para mí, escuchar a una mujer tan joven, tan guapa, tan socialmente comprometida argumentando las mismas ideas que los sociólogos llevamos mamando desde que nos propusimos cambiar el mundo y que, por desgracia, ahora muchos consideran vestigios inmaduros del pasado me ha devuelto la alegría, como lo ha hecho a otras muchas personas que estuvieron en el primer día del Orgullo en Londres, cuando la policía precisamente no estaba para garantizar la seguridad de los manifestantes sino, más bien, para preservar el orden público corrompido por la ocasión.

Munroe Bergdof.

Munroe Bergdof.

Ignoro cuántos años tiene la modelo pero el usar un discurso tan clásico, tan fundamental, tan básico como atribuir a la socialización de la gente blanca los problemas del racismo, denunciar el patriarcado como origen del sexismo y la tradición heterosexual como raíz de la LGTBfobia  me ha hecho escribir esto para apoyar públicamente sus declaraciones argumentando que:

Todos los blancos somos culpables del racismo hasta que nos enfrentamos a él y nos convertimos en aliados de quienes lo sufren, haciendo todo lo posible para repudiarlo y exterminarlo. Callar y mirar hacia otro lado es consentir y convertirse en culpable por obra y omisión.

El racismo es parte de la innegable hegemonía blanca que, críticas como las que recibe esta modelo en sus redes sociales del estilo “Perra negra yo no soy racista piensa lo que dices” siguen sustentándolo para vergüenza de todos aquellos que, por no haber nacidos diferentes, no han tenido que sufrir discriminación o, toda su vida han sido educados en los valores culturales de su raza sin atreverse a mirar mas allá de sus narices para descubrir a otras personas distintas.

Si bien un niño negro o latino americano en España tiene que aprender en el colegio quienes fueron los Reyes Católicos y Cristóbal Colon, a pocos niños españoles, por poner un ejemplo, se les obliga a estudiar las barbaridades cometidas por el Imperio, ya no solo en todos sus confines sino también por otras potencias como los Belgas en el Congo, o las obras literarias de autores y autoras infantiles o juveniles del continente africano, que los hay  muchos y muy buenos.

Sobre acusar a las personas heterosexuales de ser LGTBfóbicas  por la misma razón que los blancos, en principio,  somos culpables del racismo hasta que nos revelamos, contra nuestra maldita herencia, gracias a la educación,  me gustaría contar algo de lo que fui testigo, que sirve para ilustrar como la acción directa de la que Munroe hace alago y porta como bandera puede cambiar las cosas convirtiendo a la gente heterea en claros e indispensables aliados de los muchos que aun somos llamados disidentes sexuales.

Ocurrió ni más ni menos que en un bus nocturno durante mi vuelta a casa el día del pasado Orgullo, aquí en Londres. Todo era alegría y todos llevábamos unas cuantas copas de más.

Estábamos sentados en el piso de arriba cuando de repente un siete machos borracho colombiano subió las escaleras y al ver a alguien envuelto en una bandera Arcoíris, exclamó “Maricón de mierda, soy colombiano ¿de qué te sientes orgulloso envuelto en esa bandera?”.

Pensando que solo a un necio, a un pringado, o a un tío que no sabía donde se estaba metiendo con toda la policía londinense desplegada por la ciudad velando por la seguridad en un día tan señalado como aquel, decidimos no prestarle atención y seguir a lo nuestro.

El tipo siguió profiriendo insultos hasta que nos preguntamos qué íbamos a hacer con semejante gilipollas.

Por suerte no tuvimos que hacer nada. Un grupo de chicos y chicas colombianos que estaban a nuestro lado, levantaron sus voces y le preguntaron “Borracho de mierda, somos colombianos, ¿De que te sientes tú tan orgulloso?”

El pobre hombre no supo qué hacer. Se dio cuenta que había perdido la razón hacia mucho tiempo, y tras romper en lagrimas cuando sus compatriotas empezaron a cantar en alto “¡Está borrachooo, ooohhh, ooohhh!, ¡Está borrachooo, ooohhh, ooohhh! Decidió pedir perdón a mi acompañante, el abanderado, y bajarse del bus en la parada siguiente.

Este gesto, sin duda, de valentía, generosidad, amistad, y solidaridad por parte de personas anónimas demuestra, como he intentado explicar, que el silencio se puede convertir en el mejor cómplice del odio y la intolerancia, por no decir de la violencia y los crímenes contra las libertades individuales, si alguien no decide cuestionarlo y hacerlo  añicos.

Criticar, por tanto, y ser tan memo para acusar a alguien como Munroe por decir lo que intelectuales, activistas, académicos y víctimas de la intransigencia han llegado a ratificar con sus vidas ejemplares o sus muertes injustas, solo representa la vileza de los estrechos de miras que, como el cuento de los tres monos, ni ven, ni sienten, ni hablan más que para decir perogrulladas y sandeces.

Por último y haciendo gala de todo lo aprendido de grandes maestros sociólogos y activistas, que durante sus años de juventud se volvían locos pasando sin comprar bienes básicos por ser coherentes con sus ideas anti-capitalistas y, también, inspirado por el gran ejemplo de coherencia de  Munroe Bergdorf me gustaría desde aquí hacer un llamamiento a quienes lo deseen para sumarse a ella en el boicot contra  L’Oréal, recordando que otras cremas para el pelo y champús dan mejor resultado sin engrasar la consciencia de quienes de verdad lo valen.