Donde, esperemos, se siga comerciando con el mejor sol

nacho diaz

Nacho Díaz.

A lo mejor porque llevo muchos años visitando a una Bruja Novata en Portobello Road, “Donde se vende y se compra hasta el sol”, como dice la canción que todavía no ha acabado su cursillo por correspondencia, pese a que lo intenta con esmero, y a lo mejor también porque el brillo de aquel mercado mágico se está diluyendo en la fama de locales trendy, que lo inundan  por ambas aceras, poniendo en peligro el auténtico y mundialmente reconocido espíritu comunitario de la zona,  decidí pasarme por el puesto semanal que los miembros de la Notting Hill Housing Association ( una cooperativa de viviendas sociales) instalan cada viernes para intentar frenar la apabullante especulación inmobiliaria de la zona que podría desalojarlos a todos de sus casas en un par de años, dejándolos  en la calle.

Miembros de la Notting Hill Housing Association en el mercado.

Miembros de la Notting Hill Housing Association en el mercado.

Que Portobello está en armas no es nada nuevo. Siempre lo ha estado marcando ejemplo. Primero fueron los afro-caribeños cuando llegaron al Reino Unido pidiendo unas condiciones de vida justas, después las comunas del Gay Liberation Front, exigiendo la igualdad y merecida libertad hasta que, poco a poco, se fue generando un ambiente colectivo de resistencia para defender el derecho a la vivienda digna, solidaridad, y apoyo con los más necesitados como lo fueron las víctimas de la heroína en los 80.

Imagen de un Manifiesto original del Gay Liberation Front.

Imagen de un Manifiesto original del Gay Liberation Front.

Esto no fue nada fácil. Familias enteras en el 60 y 70 tenían que vivir en una sola habitación compartiendo cocinas con otras familias en unas condiciones infrahumanas  que se veían totalmente vilificadas cuando Rachman, el infame mayor propietario, se paseaba en su flamante Rolls-Royce para cobrarse los alquileres, que nunca perdonaba bajo amenaza de desahucio inmediato.

Rachman como la peste desapareció, creo que por sus problemas con la justicia, y un montón de pequeñas cooperativas de viviendas empezaron a regularizar la situación.

Las habitaciones se  unieron para convertirse  en pisos, las casas se reformaron y los inquilinos solo tenían que caminar un par de bloques para pagar sus rentas y comunicar los desperfectos de sus viviendas para que las cooperativas los arreglasen.

Todo quedaba en la comunidad.

Apenas 20 años después ni el efímero recuerdo de esa vida mejor permanece.

Durante mi visita al mercado tuve la oportunidad de hablar con una vieja veterana de  muchas batallas que volvía a recuperar fuerzas para  cargar con otros nuevos compañeros.

La situación de su casa  así lo requería.

Quien me lo contaba era una mujer de casi 70 años , a la cual la casa literalmente se le está hundiendo, y que tuvo que dormir cuatro noches seguidas en un sofá de dos plazas porque el tejado en medio de una fortísima tormenta empezó a gotear como una cascada sobre su cama.

Esto podría tratarse de un mero contratiempo pero, en realidad, fue negligencia de la NHHA que ya no estaba un par de bloques más allá de donde había vivido casi toda su vida, y que ahora había abrazado la identidad corporativa negando asistencia básica a sus “clientes”.

Los problemas serios empezaron justo dos días antes del Carnaval de Notting Hill, cuando más o menos un millón de personas con altas posibilidades de estar borrachas como cubas pasarían por delante de su casa.

Revueltas Raciales, Carnaval de Notting Hill 1976.

Revueltas Raciales, Carnaval de Notting Hill 1976.

El riesgo que esto suponía para ella era que  las grietas estructurales del edificio impedían que no solo la puerta de la calle cerrase correctamente sino, también, la de su piso.

Esto implicaba por tanto, que cualquiera de ese millón de personas pudiese auto invitarse a casa de esta señora a mear, como tienen por costumbre todos los visitantes del Carnaval, previo pago de una libra por meada, siempre y cuando el dueño o la dueña del váter  de su autorización.

Como no es muy difícil imaginar que algún desalmado habría  entre ese millón de visitantes que prefiriese hacer de su capa un sallo y mear gratuitamente cuando no, simplemente colarse a sabiendas, sobre mi confidente se ciñó el pánico a abandonar su hogar e, intentando protegerlo como mejor pudo y supo, se paso encerrada los dos días del Carnaval, sin tan siquiera poder salir a la compra.

Cuando le pregunté cómo aquello había podido ser posible encontré la respuesta en términos de volumen de negocios.

Notting Hill Housing Assciation está a punto de fusionarse con otra cooperativa llamada Genesis. Su plan de acción para el año que viene es muy sencillo y, de algún modo, haría a Rachman parecerse a un filántropo bohemio enloquecido por su generosidad  ya que, la cooperativa tan solo va a construir un 9% de viviendas sociales y el resto van a ser pisos de una o dos habitaciones que saldrán al mercado por un valor de entre las 750.000 libras y el 1.200.000.

Uno de los primeros grafitis que aparecieron en el RU muy cerquita de Portobello.

Uno de los primeros grafitis que aparecieron en el RU muy cerquita de Portobello.

Por otra parte Genesis en los últimos años ha aumentado algunos de sus alquileres un 800% obligando a pagar o a abandonar los hogares como si de un burdo chantaje se tratase.

Ni las rentas bajas, ni el cuidado de los inquilinos  interesan ya a nadie, máxime cuando pisos de dos habitaciones con salón como los de esta desafortunada activista están siendo reconvertidos, a escasos metros, en apartamentos diminutos de una sola habitación con un precio de venta cercano a las 800.000 libras.

Por todo esto, otros miembros de la asociación me dijeron que estaban haciendo todo lo posible para parar la fusión ya que, si se llevase a cabo, sentaría un precedente para acabar el valor real y social de las Housing Associations, transformándolas en poco menos que en promotoras de lujo.

Como esto me pareció algo digno de elogio desde aquí quiero hacer un llamamiento a quien se quiera pasar por allí un viernes para que, en vez de perder el tiempo tomándose un café de mierda en una de esas cadenas americanas que han abierto en Portobello, o incluso dejarse un dineral en cualquiera de esas hamburgueserías de diseño que sirven salsas asquerosas con la carne, firmen la petición en el puesto de la asociación.

De no poder hacerlo en persona siempre podrán expresar aquí su repulsa a la fusión para que en el mercado y todas sus calles adyacentes siga viva la historia que lo ha hecho único y ejemplar, impidiendo así convertirse en un reclamo de marketing gentrificado.