La noche más larga

Luis Galafel.
Podríamos decir que la primera etapa del llamado ”procés” ha terminado. Lo único que estaba claro que iba a ocurrir es que se convocarían elecciones en Cataluña. No sabíamos cómo se iba a desarrollar el ilegalizado referéndum del 1-O. No sabíamos cómo actuaría el PP, si habría 155 o no. Tampoco hasta qué punto estiraría la cuerda Junts Pel Sí. Seguimos sin saber las consecuencias tanto jurídicas como económicas que todo esto generará. Pero lo único evidente, es que habría elecciones autonómicas.
Pues bien, nos adentramos en una etapa de tensa calma hasta la convocatoria prenavideña. Serán dos meses en los que veremos una brutal campaña electoral. Una campaña como no se ha visto en los últimos 40 años. Veremos alguna detención más, a algún funcionario insumiso y movilizaciones periódicas. En resumen, seguiremos con este paripé pero mucho más templado.
Es fútil aventurarse a dar un pronóstico de lo que ocurrirá en dichos comicios, pero se puede analizar el punto de partida de esta campaña y cómo puede evolucionar.
No creo que vuelva a haber un bloque independentista. No por lo menos tal y como lo vimos en las anteriores. Dudo mucho que la antigua CIU (me niego a utilizar el lavado de cara del cambio de siglas hecho para tapar sus vergüenzas) pueda presentar un candidato a “president” en dicho bloque. Dudo que nadie quiera hacer piña con la CUP con todo lo que ha pasado, pero Esquerra es Esquerra. No dejan de sorprenderme.
ERC ha conseguido aglutinar al gran voto independentista. Será el partido más votado. Sin embargo, tengo la convicción de que toda esta matraca les pasará factura. Algo muy gordo tiene que pasar para que avancen en número de votos. El señor Junqueras ha demostrado tener el carácter sibilino de eunuco medieval. Mucha consigna, mucho “buenquedismo”, mucha mentira e ineficiencia. No creo que sea el candidato que pueda exprimir más partido a las urnas, pero creo que su ego no le dejará bajarse del burro.
La antes denominada Convèrgencia i Unió, sin Unió, pasará a ser merecidamente un partido residual. Esta gente ha fallado a todos. A sus votantes, a sus aliados, al “seny”. Han escupido al cielo y les ha dado en la cara. El “molt honorable” Puigdemont se ha inmolado públicamente como única salida al camino de la imposible independencia. No serán un interlocutor válido.
El universo CUP me parece insondable. Me resulta imposible empatizar con su forma de desarrollar la política y por tanto no los entiendo. Puedo comprender ese ánimo de ruptura y revolución que durante tanto tiempo ha tenido carta blanca en Cataluña, pero no puedo entender cómo se pueden aliar con los que señalan con el dedo, con los que califican de charnegos y botiflers a los que no opinan como ellos. La izquierda no es así. Sólo puedo imaginármelos en las reuniones acordando cómo aplicar el “Si jo l’estiro fort per aquí i tu l’estires fort per allà”, de L’Estaca a la Democracia. Vamos, como si tuviesen una garrafa de gasolina, un mechero y pensasen en qué quemar. Hay mucho unicornio con camisa moderna.
Podemos, o En Comú Podem, pese a haber mantenido un perfil bajo, en mi opinión, ha salido muy perjudicado tanto en Cataluña como en el resto de España. Su “sí pero no”, su querer contentar a todos ha hecho que se expongan a ser la piñata de todos en una situación tan polarizada. No dudo de sus buenas intenciones, pero o no han sabido o no han querido explicarse. Más les vale ofrecer respuestas claras y concisas, si no se hundirán.
En el Partido Popular, pese a sus compungidas caras, todo esto les ha venido de perlas. Quizá no en Cataluña, pero sí en el resto del territorio nacional. Que no se nos olvide todo lo que está saliendo de refilón estos días en las noticias de su más que acreditada corrupción. Ni en sus mejores sueños se hubiesen imaginado ver tantas banderas de España en cada rincón de este nuestro país. Pero seguirán siendo otro partido residual más allá del Ebro. Ciudadanos les ha comido la tostada.
Y se la ha comido con razón. Porque el PP pese a todos sus votos es una marca desacreditada. Aunque la culpa de todo esto sea de quien es, los populares, y siempre en mi opinión, han forzado todo esto. No voy a volver a dar mi opinión sobre el Partido Popular, pero creo que es uno de los principales problemas de este país. La derecha española necesita una profunda regeneración.
Necesita romper definitivamente con la losa que es su pasado, y para ello el resto de España debe darles un toque de atención. No deja de resultarme paradigmático que la persona encargada por el gobierno para dirigir la Generalitat sea hija de un alto mando franquista.
Ciudadanos será decisivo, obtendrá todo el voto de la derecha no nacionalista catalana, y quizá de la no radical nacionalista. Chuparán votos del PP y de la antigua CIU.
Y, ¡ay el PSOE!. Los socialistas tienen el momento histórico de recuperar su credibilidad o de meterse en un abismo sin salida. Que no se nos olvide lo que ha representado el PSOE para Cataluña. Que no se nos olvide la tremenda tradición intrincada en los valores que representa en Cataluña. Tienen la oportunidad de lograr una salida pactada a todo esto. Para ello necesita formar gobierno en la Generalitat y forzar elecciones nacionales, mejor antes que después.
Veremos la calidad política de Pedro Sánchez. Veremos si está a la altura o no. Quizá espero demasiado del puño y la rosa, llevamos demasiadas decepciones a cuestas.
Iceta para mí no da el perfil de hombre fuerte, y creo que en Ferraz son de la misma opinión. La vuelta a la palestra de Borrell como voz cantante no creo que sea casual. No será candidato, pero será el que dará la cara.
Para mi ésta sería la mejor solución. Está claro que si queremos una solución por lo menos en apariencia duradera, se necesita reformar la Constitución. Y esto se ha de hacer entre todos, por los cauces establecidos. Todo lo que no sea al margen de ello, supone crear ciudadanos de primera y de segunda. Ciudadanos con más derechos que otros, y esa no puede ser la salida. En cualquier caso cabe recordar que la Carta Magna del 78 está cerca de ser la más longeva de la historia constitucional española, lo cual también tiene su significado.
Veremos el panorama una vez que concluya la segunda etapa, porque una cosa sí que vuelve a estar clara, a estas elecciones se van a presentar todos, y digo todos sin excepción. ¿Qué ocurrirá si vuelve a ganar el bloque nacionalista? Nos veremos abocados a elecciones generales. ¿Qué ocurrirá si gana el bloque mal llamado “unionista”?, de hecho, ¿habrá bloque unionista? Casi seguro que también vayamos a elecciones generales.
Resulta curioso que estas inciertas elecciones se convoquen en el solsticio de invierno, la noche más larga del año. Esperemos que no sea premonitorio.