Madres

carolina diaz

Carolina Díaz San Francisco.

 

En su tercer libro, Letter to My Daughter, Maya Angelou declara que ella tiene muchas hijas. I have many daughters. La poeta afroamericana, creadora de letras con impulso, ánimos y encomio para mujeres que nacieron y crecieron junto a la tragedia, concluyó diciendo una vez, que el mejor regalo que la vida le había dado era la amistad que había podido cultivar con negras contemporáneas, pero sobre todo con aquellas más jóvenes. Muchas mujeres de edades más tiernas tendían, al igual que en el mismo presente, a acercársele para aprender de ella, para copiarla un poco, para intercambiarse fuerzas y energías.

Madres son sabias y educadoras. Madres trasmiten, a través de innumerables formas de expresión, una inmensa humanidad creada por contradicciones, experiencias únicas, sentimientos forjados, ideas valientes, sufrimientos increíbles e ilusiones imperecederas.

El encuentro con ellas, al final, resulta ser profundo y único, como un vínculo valioso que entreteje infortunios, deseos y libertades, y que resulta dar a luz a conciencias y movimientos.

Madres son amigas. La amistad nace y se enriquece con el intercambio del contar y el infatigable rememorar. Madres comunican con la imaginación, la poesía, lo épico y el drama.

Una artista negra e india, y abuela de cinco que conocí durante una obra teatral en Providence, Rhode Island, me introdujo a familiares de Puerto Rico, a sus padres nativos americanos venidos del desierto de Nuevo México, y a su arte, diseños de ropa, sombreros y joyería salva vidas para ella después de miserias vividas desde muy jovencita en la ciudad de Nueva York.

Dos amigas a puntito de jubilarse, historiadoras afroamericanas residentes en Boston, me invitan a cenar a menudo a sus restaurantes favoritos, para preguntarme sobre mi vida, y para ponerme al día también de sus mil y un proyectos dedicados a la comunidad y a los jóvenes ávidos por saber y por conocer. Ellas llevan, con sudor y con grandes proezas, el único museo de historia negra en Massachusetts.

Madres inspiran. Siempre se aprende de ellas alguna táctica nueva, alguna estrategia de pensamiento y de acción. Madres tienden a relatar con frecuencia y a menudo, las muchas luchas y retos enfrentados y vencidos contra las opresiones que les llegan día a día.

Se ve, y se siente, que se protegen ellas mismas de cualquier evento y contacto que parezca subversivo a su naturaleza escogida. Se cuidan a su forma, de acuerdo a sus circunstancias e inclinaciones.

Su cuerpo y persona son tesoros, y repiten lo importante y significativo que representan los papeles de su vida en el mundo en el que viven.

La reina del Voodoo que conocí en Nueva Orleans, mujer anciana, me demostró el valor que ella le da a su vida y a la de otros, como guiadora y mensajera del pasado, futuro, y de esferas invisibles.

Como gran conocedora del French Quarter y Congo Square, ella me presentó, por varios medios mágicos, a sus hijas y a sus madres, generaciones capaces de exponer con éxito honestidades, verdades y justicias dentro de sistemas esclavistas. El tignon sobre la cabeza, me dijo la reina, se lleva siempre bien puesto, alto y con orgullo.

La gran recolectora de cuentos que conocí a través de sus libros, Zora Neale Hourston, recorrió sola y brava, el estado y rio de Misisipi para seguirle el rastro al viento y así, encontrarle los refranes y las anécdotas a las vidas escondidas. Llegó incluso hasta Haití, para seguir indagando y aireando con permiso, los misterios y las memorias de gente negra en búsqueda de asentimientos.
Madres son eternas. Menciona sus nombres. Sus nombres tienen el poder de remontar a sus hijas a un pasado antaño que es en realidad, lección. Los legados de sus existencias detienen, achican el hilo del tiempo, y acercan distancias.

Con la temporalidad y lo espacial en sus manos, se presentan madres ejemplo que tuvieron que comprar su libertad, y que también fueron cuidadoras, anti-esclavistas, libertarias, reinas, líderes, seguras de sí mismas.

Restauradoras de herencias artísticas. Agentes de movimiento. Realizadoras de ideologías. Viven las madres que eliminaron silencios, verdades incómodas y negadas. Permanecen cerca nuestras madres, las que tomaron el curso de las cosas por sus propios métodos, aquellas que murieron, en carne, enfrentándose y confrontando.