Ganando el derecho a la infinita oportunidad

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nacho diaz

Nacho Díaz.

Aun pareciendo un sueño o, el final feliz de una película de Hollywood, la victoria de un equipo de debate formado por tres reclusos condenados, entre otras cosas por asesinato, y que están recluidos en una de las cárceles de máxima seguridad de Nueva York, sobre sus contrincantes, estudiantes todos de la Universidad de Harvard, constituye no solo un triunfo real sobre las adversidades sino, también, una oda a la libertad de los que solo conciben sus confinamientos como un tiempo para resurgirse del mal hecho, deseando construir un mundo mejor para reencauzar su vidas.

La hazaña está dando la vuelta al mundo anglosajón donde el debate en las instituciones educacionales de élite es casi una devoción. En el Reino Unido sin ir más lejos los estudiantes afortunados aprenden a debatir desde jóvenes siguiendo las reglas del Parlamento.

El mismísimo Daily Telegraph o el propio Wall Street Journal se han hecho eco de tal proeza.

Nadie, al fin y al cabo, podría haber previsto que tres presos, sin acceso a internet y teniendo que sufrir todos los trámites burocráticos de la cárcel, que son muchos, muy tediosos y muy largos, para conseguir la información necesaria que les permitiese  argumentar su causa pudiesen competir en igualdad de condiciones con sus rivales, quienes solo tienen que mover un dedo para conseguir todo lo que quieren pues sus fuentes de documentación son, de algún modo, la envidia de muchos estudiantes de todo el mundo.

A eso, además, también habría que añadir la ventaja que de por si ejercen los estudiantes de Harvard sobre el control y el uso de la oratoria en su día a día con sus profesores y colegas.

Conseguir un mero libro en una cárcel de EEUU puede tardar hasta tres meses y todos sabemos que en cuestiones de actualidad internet manda sobre la letra impresa.

Momento del debate celebrado en la cárcel.

Momento del debate celebrado en la cárcel.

Este pequeño contratiempo no impidió que en debates pasados los miembros del equipo del Eastern New York Correctional Facility se engullesen, nada más y nada menos que al equipo de debate de  West Point, la Academia del Ejército de Tierra de ese país, o al de la Universidad de Velmont.

La victoria sobre Harvard tuvo un sabor todavía más especial, si cabe, porque este equipo ostenta el título de Campeón Nacional de Debate y, también, por lo que en mi opinión significa tener que defender una posición a priori contraria a la propia naturaleza de la inmensa mayoría de los presos para, después, darle la vuelta y conseguir no solo, un rotundo triunfo, sino además  argumentar una solución posible y mas que factible a la realidad que viven muchos niños y adolescentes americanos desprotegidos y desamparados.

Por reglas fortuitas del debate los reclusos se vieron obligados a defender la postura sobre el deber de las escuelas públicas a negarse a aceptar a estudiantes indocumentados.

Si esta idea ya parece de por si atroz, el defenderla por un bando entre cuyos simpatizantes, amigos, familiares y conocidos bien podrían haber miles de sin papeles, resulta una broma macabra nacida de la peor pesadilla entre rejas.

Sin embargo, el equipo vencedor supo convencer al juez moderador del debate, ante el total asombro de los de Harvard, que si bien el sistema público de educación  tan solo reproducía y alimentaba el fracaso escolar entre los alumnos indocumentados, las organizaciones no gubernamentales y las escuelas privadas, a través de un sistema de becas, deberían hacer todo lo posible para subsanar los defectos del fallido modelo estatal, facilitando mejores medios destinados a motivar y a no excluir.

Carl Synder, Dyjuan Tatro y Carlos Polanco, los tres oradores campeones, son estudiantes del Bard Prison Initiative, y los tres coinciden en afirmar que si bien su retórica no es brillante su duro trabajo si lo es, haciéndoles por merito dignos ganadores del debate.

Algo, que creo, es muy difícil de discutir cuando vives, como ellos, controlado todo el tiempo y, sobre todo, cuando los medios que anhelas para mejorar tu vida aprendiendo tienen que pasar censura como es el caso de las publicaciones que llegan a la cárcel.

El Brad Prison Initiative pretende acercar la educación superior a  reclusos mientras cumplen su condena.

Sus pruebas de selección son muy exhaustivas y los resultados le hacen honores.

Los graduados del programa, que ofrece más de 70 cursos cada semestre a los 300 elegidos, tienen uno de los mayores índices de empleo entre la población reclusa cuando salen a la calle y también escasísimos índices de reincidencia.

Por todos estos motivos, razones y números, supongo, que debatir y ganar la causa de otorgar la segunda, tercera, cuarta, quinta o infinita oportunidad para resurgirse del mal y triunfar como héroes resulta fácil de ganar.