Abuso

carolina diaz

Carolina Díaz San Francisco.

El abuso destroza. Irrumpe. Interrumpe. La violencia contra el cuerpo causa dolor eterno. La agresión debilita. La fuerza inminente que no se ha podido esquivar es como la lanza que apunta hacia el pecho y acierta. Mata. La muerte recoge en brazos al cuerpo subyugado y se lo lleva lejos. Es pena y tristeza sobrevivir. El golpe hiriente no llegó a partir el corazón.

¡Ay! Los males endémicos. Se creen grandes. El universo no existe. Lo acaparan todo de un manotazo. El mirar de sus ojos es agudo, petrificante. Punzan las pieles dulces. Nunca se van, siempre están presentes. No nos dejan. Nos acosan. No nos dejan respirar, suspirar. Oprimen con leyes de hierro. Se aseguran de que les veamos como gigantes de mucho saber, con muchas razones, ejemplos y dignos de admiración.
La tiranía como el pan de cada día impera sobre cabezas bajas, bocas cerradas. Al miedo y a la ansiedad otorga altitudes que consiguen amurallar y acorralar casi sin escapatoria, a los pensamientos tímidos y solitarios que se creen anhelar el ejercicio del control propio. Los adelantos hacia la fidelidad del ser son osadías y barbaridades. ¡Que se arrojen al fuego! ¡Que se conviertan en cenizas!!Que su existencia se borre para siempre!

No me olvido de las personas que han sido, y que continúan siendo el objeto y la diana de abusos varios, ahora, en algún momento en sus vidas, o quizá por una eternidad ya. Consciente, mantengo a mi lado el daño y el dolor que ocasiona el poder violento. Le sigo las pistas, sus rumbos por el mundo, sus merodeos cercanos. Es cosa mala, pero, ¿cómo se hace para desviar, al menos hacia la nada, el vicio empedernido de querer demoler con el látigo autoritario?

El rechazo hacia el abuso y el proceso hacia la libertad se presentan a través de la imagen de ensueño de una sala cuadrada de paredes blancas, luminosa, pero sin ventanas. En el centro, hay una jaula, y en la jaula, un personaje incognito. Vive allí. Siempre. Apenas puede moverse.

A veces, no se sabe cuándo, porque el tiempo no se cuenta, una puerta que antes no existía, se abre en la sala. No se ve a nadie, pero de súbito, la entradita tierna de la jaula también se concede un cambio. Los muros esconden con su blancura a la puerta invisible, la hacen desaparecer y el cuerpo encarcelado emite señales de algo. Se mueve a gatas. Es todo un proceso. Primero se queda en el suelo, después intenta levantarse. Pero el volver a la jaula es veloz. Se debe esperar entonces a la siguiente vez que… ¿haya suerte?

Hay casos verdaderamente difíciles. Casi imposibles. Ya lo estoy viendo yo en mi pasar por este camino mío en la vida, en este mundo tan rico de todo y profuso con movimiento. He sentido y escuchado al terror, y a sus susurros declarar que el triunfo le pertenece al abuso. Que va a ganar. Ejercerá siempre. No se puede hacer nada, me dice el terror, contra los males endémicos malditos, o la esclavitud, o las libertades a medias. Son condena.

Cuesta seguir con un pie detrás del otro, y en medio de penumbras y condenas. Es muy poderoso el pensamiento que conlleva al significado de la condena, el retumbar de un impacto grabado. Tan poderoso es temblar ante lo eterno, que al final, el silencio y la quietud son los mejores aliados para evitar que el monstruo no ataque de nuevo.

A nivel personal y colectivo, ¿cómo se rompen las condenas, las cadenas? ¿Cómo entendemos lo que nos oprime? ¿Cómo se aprende a reconocer el abuso? ¿Cómo señalamos con el dedo, y exclamamos con la voz bien alta: ¡Ahí está!? ¿Cómo nos ponemos entonces, las gafas de la conciencia para detectar asalto de cualquier tipo y naturaleza contra individuos y grupos? ¿Cómo se entiende la propiedad ajena, o los conceptos del respeto y la dignidad?

¿Cómo se combate la continua agresión, y se invita al respeto a la universalidad? ¿Cómo se limpian los rasguños y las heridas profundas después de un ataque, una lucha, una victoria? ¿Cómo se vive con los incordios que giran por nuestro alrededor, con la vulnerabilidad, con los casos de abusos hegemónicos y tiránicos de poder, que son al parecer, impenetrables?