Los ositos de peluche, Gryla y la Bruja del Oeste

nacho diaz

Nacho Díaz.

Si yo veo a un atracador de bancos con antifaz y un saco muy grande no se me ocurre pensar que se trate un ex alto cargo del PP pillado con las manos en la masa, aunque bien podría serlo por ladrón, tampoco se me ocurriría pensar que cada cura que veo con sotana es un predador sexual de adolescentes y niños, pese a los miles que ha cobijado la Iglesia Católica en su seno.

Para ser más sincero, también me negaría a creer que cada tipo solitario, alcoholizado, barrigudo y amargado que abundan en los bares de toda la geografía española sea en realidad un putero, misógino y LGTBfobo.

A pesar de que me de alergia cualquier tipo de credo, la corruptela del PP y el macho ibérico en estado puro, entiendo que de todo hay en las viñas del señor y también que hay gente honrada en las filas Populares, hombres de dios que llegarán a ser verdaderos santos, según sus creencias, y acabados de barra que son capaces de mantener algún tipo de conversación que transcienda sus falocentrismos, y no les obligue a meterse con los derechos de los “maricones” cada dos por tres.

Todo esto resulta difícil de asimilar pero, porque me creo tolerante, no me gusta coger el todo por la parte, incluso cuando ésta es casi de una proporcionalidad absoluta.

Los comentarios mezquinos vertidos contra la carroza de la Cabalgata de Reyes de Vallecas, por desgracia, me hacen ver que por mucho que se intente nunca habrá entendimiento, entre quien odia por odiar, cofunde el culo con las témporas y desea sembrar vientos para recoger tempestades bíblicas  y los que apostamos por un mundo sin prejuicios.

Así,  algunos han hecho de algo tan natural y normal, como dulce y tierno, como son unas Drag Queens vestidas de ositos de peluche en una carroza,  una prueba más de la poderosa fuerza maligna LGTB que azota el universo, que solo quieren reclutar, adoctrinar, y convertir a la gente en sus esbirros para acabar con la raza humana, destruyendo los principios de la civilización  de cuajo, pervirtiendo a los seres más inocentes que son los niños.

La lógica tan aplastante que esgrimen es que los ositos son Drag Queens y van en carroza, olvidándose que, sobretodo, ellas son artistas y han sido contratadas para actuar ante niños y sus familias en un día especial en el que NO toca celebrar  las revueltas de Stonewall, pero si mostrar que gracias a las Drag Queens, muchos padres y madres con sus hijos e hijas son aceptados y no perseguidos por la policía, o separados de sus familias por los malditos servicios sociales que en otra época las destrozaban dejando secuelas imborrables a cada uno de sus miembros.

De ello mi experiencia profesional da sobrada fe en cuanto a padres, madres, hijos e hijas traumatizados se refiere. La historia, además, atestigua que si las Drag Queen latinas no hubieran sido las primeras en enfrentarse a la policía de Nueva York, la liberación LGTB aun estaría esperando su detonante.

Tal vez, sin embargo, lo que es aun más importante de esta historia  es que los demonios con los que sembraban los curas las pesadillas de todos los que nacimos LGTB se han convertido en preciosos animalitos gracias a nuestras amiguitas las Drag Queens, que protegen nuestros sueños y desfilan orgullosos el Noche de  Reyes para recordarnos que hemos sido buenos y nunca pecadores, pues no existe Dios capaz de condenarnos y, al no ser  nuestro amor ofensa divina, ningún hombre tiene la autoridad de prohibirlo, o tan siquiera criticarlo.

Si alguien piensa que esto va en contra de las navidades, época de dar sin esperar nada a cambio, amar y compartir, entonces serán tan feos, tan malvados y tan horripilantes como lo es Gryla, la bruja come y roba niños islándica de adviento, y sus secuaces hipócritas madrileñas  Cristina Cifuentes y Begoña Villacis, que presumen de subirse a las carrozas del orgullo para defender la igualdad pero, sin embargo, no tienen ningún reparo a la hora de robar la ilusión y destrozar el espíritu, cual aprendices de Herodes,  a quienes solo ven en ositos gigantes la figura de un amigo o una amiga, que canta y baila mejor que los Pequeños Ponis.

Gryla con el saco donde mete a los niños.

Gryla con el saco donde mete a los niños.

Tal vez, también,  por despertar a estas dos Cruellas Deville de sus atrofias habría que recordarles que, hasta hace muy poco, lesbianas lideres en sus trabajos con niños, al igual que hombres gais, escribieron los mas preciosos cuentos, innovaron terapias y crearon personajes que perduraran en las mentes de cualquier hombre y mujer medianamente civilizado, mientras sufrían en silencio la angustia de ser descubiertos,  llamados pervertidos y pederastas, y calificados como “peligro” contra lo que más querían en su vida que no era, precisamente, a nadie más que a los niños y niñas  a los cuales deseaban hacer felices.

Por eso, a esas dos colegas de la Bruja del Oeste  les pido que se retracten de sus palabras, deseándoles que los reyes les traigan todo el carbón que se merecen por no saber tener ni la boca callada, ni tampoco pensar antes de hablar, animándolas a que se culturicen un poco, e intenten descubrir en la música del gran Benjamin Britten un grave error cometido por la inmensa estrechez de miras unos pocos fanáticos, que sin saber comprender su innegable talento para trabajar con voces infantiles, casi lo condenaron por lo que ellos consideraban una desviación obsesiva.

Hoy en día, las Drag Queens, forman parte de la cultura popular y películas y shows como Priscilla, que han marcado generaciones enteras, demuestran  que no solo pueden ser padres, sino que además sus hijos se sienten tan orgullosos de ellos, como lo harían cualquier otro hijo, con un padre y una madre, dos padres, o dos madres o simplemente un retoño de familia monoparental.

Al fin y al cabo las navidades son de todos, muy a pesar de que las Grylas de este mundo piensen lo contrario.