La hierba, el Tao y el Zen como un poco de cosa buena

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nacho diaz

Nacho Díaz.

Hace muchos años cuando era muy joven y tanto el pensar como los hombres me daban mucho miedo alguien con quien tuve una muy buena relación me regaló un libro muy especial.

En aquella época no había Amazon y Game-Texts A Guatemalan Journal, llegó de San Francisco una semana después de mi cumpleaños como por arte de magia.

Todo en él era un misterio. Lo único que me pareció tener claro cuando me lo dieron fue que había sido una especie de libro de culto tardo hippie escrito por Erskine Lane, un hombre gay que había recorrido Guatemala fumando marihuana, acostándose con una gran cantidad de jóvenes de aquel país, recordando su infancia en Alabama y reflexionando sobre su vida y existencia en medio de las ruinas de civilizaciones pasadas, la jungla y los volcanes.

A lo mejor porque mi amante supo mejor que yo que en aquella época vivía de forma parecida, perdido en la jungla del asfalto de la babilonia más grande, recordando mi infancia gallega y queriendo escribir, me regaló ese libro para que dejara a un lado lo que él llamaba mi “hipocresía católica” y empezara a darme a valer de una manera sencilla y sin miramientos.

El secreto según me decía estaba en como  Lane había escrito sus cuadernos de viaje.

cuadernos viaje

Esta forma simple, aleatoria, y sin contemplaciones, podría en mi caso liberar toda la angustia de intentar empezar a comprender el cambio de mundos y vida en el que estaba inmerso, sin traumas ni malos recuerdos, si tan solo me dejaba  llevar por el estilo tradicional japonés en el que el libro estaba escrito llamado zuihitsu.

Sobre la teoría del zuihitsu poco o más bien nada puedo decir salvo que consiste en dejarse ir sobre el papel.

Sobre la importancia de Game-Texts, en cambio, sí puedo decir que me enseñó a entender la  fractura de la estructura, o como quiera que otros muchos antes que Barthes denominaran a la realidad, ya que me sumergí de lleno en continuas y rápidas desconexiones que, de algún modo, me acercaron a la libertad de entender sin un principio, un medio, o un fin las casi infinitas sensaciones de donde podía  entrar y salir a mi antojo, ignorando cualquier tipo de guía y autoridad hasta entonces conocida por mí.

Para ser sincero, creo que aquel bienestar que hoy asocio a la primera lectura del libro no hubiese sido posible experimentarlo si entonces no hubiese fumado marihuana y hubiese empezado a leer a Alan Watts, en quien  el autor parecía haberse inspirado un poco.

Esto que digo no es una apología de la hierba pero sí una escusa  por recordar  que en cierto momento de mi vida, cuando estaba muy perdido, un determinado tipo de espiritualidad me ayudó a ponerme en orden y verlo todo más claro, sin necesidad de pasar a cosas mayores.

Supongo que el haberlo hecho bajo el amparo de alguien que leyó el libro nada más ser publicado en 1978, cuando yo apenas tenía 3 años, y ver en su figura la de alguien que quería prestarme su ayuda de forma desinteresada, marcó mi vida del mismo modo en el que hoy pienso que Game-Texts mutó las interferencias de dolor del que era víctima en las fracturas placenteras y liberadoras a las que he aludido.

Gracias a ellas ahora puedo coexistir  en muchas partes y tiempos a la vez, haciéndome por tanto libre de cualquier tipo de imperiosas linealidades lastradas a la, por desgracia, herencia recibida en la pila del bautismo de la cual renegaré hasta mi muerte.

Hoy en día no dedico ningún tiempo al cultivo del espíritu por creer que, como a todo, también a éste  se le ha puesto un precio.  No por ello, sin embargo, puedo dejar de pensar que tanto en las enseñanzas de Watts como en los trazos de meditaciones Tao/Zen que pueblan esta obra de Lane había muchas desinteresadas y verdaderas ayudas, que me gustan recordar cada vez que se abren nuevos horizontes para mí, precursores de vivencias por descubrir.

Tal vez esto sea por la serenidad que gracias a ellos dos empecé a adquirir.