Otra vez los cerezos en flor

nacho diaz

Nacho Díaz

Dos tardes de intenso teatro me hicieron reír y llorar tanto como no lloraba desde que hace ya años leí la que, en mi modesta opinión, es la mejor novela escrita sobre la plaga, The Farewell Symphony, de Edmund White.

Para ser del todo sincero durante las dos partes de casi cuatro horas cada una de The Inheritance,  del autor neoyorkino Mathew Lopez, en el Young Vic, no pude dejar de ponerles rostros a todas las víctimas que el SIDA causó en la ciudad de Stonewall.

De algún modo aunque las historias de Lopez y de White tengan personajes distintos, sus maneras de afrontar sus destinos,  sus méritos y  sus necesidades de no caer en el olvido, reivindicando con orgullo y dignidad sus existencias, hacen de ellas claros ejemplos de narraciones colectivas.

La diferencia no obstante entre ambas es que mientras White se inspiró en la Sinfonía nº 45 de Haydn, “La del Adiós”, para contar como todos los músicos de la orquesta iban desapareciendo del escenario hasta que al final solo quedaba un violinista tocando, que bien pudiera ser él, por ser un sobreviviente positivo de aquella época, Lopez recurrió  a la figura del escritor inglés E.M Foster, a quien subió caracterizado al escenario, para ayudar a los protagonistas a contar sus historias.

The Inheritance ,de hecho,  estaba de algún modo basada en Howards End  que no pude entender por no haber leído ese libro.

Esto, sin embargo, no me impidió seguir desde el comienzo una historia que tiene una gran casa de fondo donde el pasado, presente y futuro se unen sin ninguna otra razón, ni ningún otro sentimiento más puro que el de contar la historia común que a todos los gais nos une.

The Inheritance

The Inheritance

Una historia rota por el SIDA sobre la que dos generaciones recapacitan a veces sin haber aprendido nada y otras siendo conscientes de que, en verdad, la amenaza no se ha ido.

El constante recuerdo a los que se fueron, sin entrar en detalles porqué, acabó  uniéndose a los que ahora, sin estar condenados del todo a irse, de algún modo practicaron el sexo sin protección en las mismas o distintas saunas, y se dejaron llevar por los efectos de drogas letales más modernas, en orgías dedicadas a la nausea de la carne.

Afirmo esto sin criticar a nadie pero siendo muy consciente de que la magnífica escena que presencie, ambientada en una orgia donde todo el mundo se metía  crystal meth, me hizo pensar que la conquista y el descubrimiento del placer debe tener ciertos límites.

Esa orgía no fue como las muchas que imaginé con envidia en el libro de White.

Muy al contrario, mientras White elogiaba el inocente descubrimiento de la libertad y la culminación de una identidad a través del sexo, la orgia de The Inheritance es una crítica feroz al aniquilamiento  de la dignidad humana que sufren los esclavos de esa droga horrible y maldita.

Una droga que solo lleva a la autodestrucción, y que no es nada más que la mutación  de la misma plaga que todos queremos erradicar de una vez y por siempre para que nadie tenga que despedirse por disfrutar hasta la saciedad de la sexualidad.

“Tina” y sus estragos están muy presentes en la obra como  también lo está la inseguridad, vergüenza y miedo de un joven gay virgen quien, en su deseo de liberarse, se deja penetrar por casi veinte hombres sin condón mientras se regocijaba como el dios sexual que se sentía.

Por suerte a éste el PREP lo salvó porque se acordó a tiempo que existía. Otro de los muchos protagonistas de la historia, al que un escritor narcisista y alcoholizado entregó a la manada enloquecida por la crystal meth, no corrió igual suerte al haber  sido incapaz de recordarlo,

Supongo que este personaje egocéntrico en torno al cual gira parte de la obra es una excusa perfecta para hablar de la literatura y el teatro del tormento, donde una gran parte de la cultura gay se perpetua, y recordarnos a todos ese gran defecto llamado vanidad que algunos sufren y sufrirán siempre, incapaces de reconciliarse con el dolor de tener que aceptarse tal y como son, pese el daño vivido, sin la necesidad obsesiva de verse forzados a idealizarse cada vez que abren la boca.

En sus antípodas otros dos de los personajes de The Inheritance muestran en cada momento todo lo bueno y noble que significa ser gay.

La solidaridad, la amistad, el no esperar nada a cambio, la fortaleza ante las adversidades, el amor incondicional a los semejantes, la ternura y la templanza están siempre presentes en las palabras y los gestos de estos dos hombres separados y vueltos a encontrar como uno mismo después de la devastación para recordarnos a todos que la esperanza de un mundo mejor, gracias a gentes como ellos jamás desaparecerá, reinando majestuosa y resplandeciente como se corona la primavera en las hojas de los cerezos en flor.

Si ahora hablo de tal árbol es por la sencilla razón de que un cerezo originó el más bello y puro momento que recuerde sobre un escenario, evocando no solo las lágrimas de todos los que estábamos allí sino, también,  recordándonos a todos que jamás dejaremos de existir, floreciendo con más fuerza cada vez que las adversidades, la calumnias, o quien sea, quiera hacernos desaparecer.