Del Nuevo Mundo

nacho diaz

Nacho Díaz.

Por una de esas extrañas casualidades que solo se dan entre los verdaderos compañeros surrealistas que hay esparcidos por el mundo hace un par de semanas conocí a un miembro del Grupo del Rio de la Plata.

La ocasión lo merecía mucho ya que todos celebrábamos con comida haitiana y restos jurásicos, entre los que a mí me tocó una Meyeria Vectenis o, lo que es lo mismo, una langosta para hablar claro, recién traída de la Isla de Wight, el éxito de la exposición conjunta de pintura y collages de mis camaradas históricos Elva Jones y Paul Day, sin los cuales la mayor parte de las actividades subversivas en la que he tomado parte jamás habrían existido mas allá de los limites de mi autocensura.

Para mí esta reunión fue una oportunidad única de hablar sobre surrealismo en español ya que hasta entonces solo lo había vivido, hablado y leído en inglés.

Esto muchas veces me supuso problemas que yo pensaba se debían a la barrera del idioma.

Por suerte el magnífico regalo de Juan Carlos Otaño llegado de Buenos Aires me hizo darme cuenta que, aunque la lengua pudiera haber sido un problema en mis primeras expediciones hacia el surrealismo, el tiempo y la práctica habían marcado un camino.

Un camino que gracias a la generosidad del bonaerense se ha convertido ya en una ruta Del Nuevo Mundo.

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Con esto me refiero al artículo escrito por el médico, sociólogo, y antropólogo surrealista francés Pierre Mabille  en México en 1941 por encargo del gran y único Juan Larrea quien lo publicó en el volumen XI, no 5 de los  Cuadernos Americanos de los cuales era su Secretario.

Lo que más me entusiasmó nada más sacarlo del sobre fue darme cuenta que este artículo jamás  había visto la luz en Francia, que estaba ligado a la figura de Larrea y, lo que era aun  más importante, que estaba escrito en español.

No voy a engañar a nadie. No puedo presentarme como el más grande especialista de Larrea entre todos los especialistas de Larrea ni pretendo tampoco elaborar un tratado sobre este genio vasco que unió el surrealismo europeo con el surrealismo americano.

Si, en cambio, puedo decir que me muero por descubrir su obra y deleitarme en ella como me deleito cada vez que veo el collage A Cackle of Lovers de mi  camarada Jones, la cual sigue consiguiendo cada día hacer grande a Leonora Carrington, y que  tengo sobre la estantería donde guardo mis libros favoritos.

La figura de Larrea se me empieza a antojar como la de un hombre al que su forzado exilio en las Américas, dejando atrás una España fascista, le hizo reinventarse no en ese hombre conquistador y descubridor que acudió al Nuevo Mundo sino, más bien, en un hombre que se fundió con su entorno haciéndose libre, sabio y respetado.

 

A Cracle of Lovers

A Cracle of Lovers

De otro modo su fama hubiera sido la de otro colono más, un apátrida en busca de un nuevo destino y no la de una persona verdaderamente brillante que impartió unas clases magistrales en la Universidad de Chile sobre América.

A lo mejor, también, porque renunció a dar fe y supo darse cuenta que lo que venía de su tierra era tan solo la miseria sembrada por el sometimiento franquista sus ideas surrealistas cuajaron entre los hispanoamericanos, quienes lo consideraron uno de los suyos, sin que a estos últimos les importase mucho ser hispanoamericanos pues la única frontera que conocemos los surrealistas es la que empieza más allá de la libertad.

Tal lugar, como todos sabemos, no pertenece ni al cielo, ni al infierno, ni a la tierra por encontrarse en los estados de nuestras mentes alimentadas por un surrealismo que no se define pero si vive a través de las letras, el arte y también en la política cuando la necesidad de recular el fascismo y la religión  lo requiere por ser estos dos los detonantes  a partes iguales de las fuerzas del mal.

En cuanto a seguir una doctrina surrealista, una ideología, un credo incluso, o un modus operandi desestabilizador solo me queda recordar que la libertad no sigue a nadie, tan solo lidera.

Esto en las palabras escritas en Dazet, la revista del Grupo Surrealista del Rio de la Plata, por  Juan Carlos Otaño viene a demostrar que corresponde a muchos de los descendientes de nuestros precursores aquí nombrados y nombradas revelar su procedencia y no a nuestros antepasados señalar su posterioridad como Tablas de Moisés, marcándonos con lo que a ellos les sirvió para resistir y vencer ya que el surrealistas somos todos los que seguimos en pie a nuestro modo.

Dazet.

Dazet.