Contra el menosprecio a Bourdieu

nacho diaz

Nacho Díaz.

Yo no estudié en España pero si lo hice en Londres. No lo digo ni por chulería ni por marcar distancias con mi país. Simplemente lo digo porque la grandeza y flexibilidad del sistema educativo inglés  me permitió acceder a la universidad como un mature student, sin preguntarme más y ofreciéndome todas las ayudas posibles en este mundo para salir adelante, valerme por mi mismo y conseguir logros personales que jamás hubiese conseguido en ninguna otra parte.

Cuando me matriculé y llegué el primer día a clase pensé que todo iba a ser como la novela de Kingley Amis, Lucky Jim, la cual recomiendo a quien esté a punto de de graduarse o, incluso, a quien a día de hoy tenga que plantearse un cambio en su vida.

También, por haber sido un fresher muy ilusionado me imaginé que mi vida de estudiante iba a ser como lo que contaban otras películas y otros libros de la vida en  Oxford o Cambridge.

De hecho pensaba que solo se podía ser universitario en Inglaterra si se iba allí.

No tardé mucho en darme cuenta que estaba equivocado.

En el primer seminario al que acudí la mayor parte de mis profesores de antropología y sociología, que habían estudiado en esas dos ciudades, me dijeron que era bueno que conservarse la ilusión pero que los tiempos habían avanzado, rogándome por favor que no me estancase en la época  de María Castaña.

No me pidieron eso por nada, ni en sus palabras había crítica alguna a sus viejos colleges. Lo que pasaba es que por aquellas fechas el Príncipe Guillermo comenzaba su vida estudiantil y, por primera vez casi en la historia un heredero al trono, lo hacía en una universidad  que no era Oxbridge y, además,  estaba en Escocia.

La razón no era otra más que demostrar que corrían vientos nuevos en la academia y que la muy injusta, a veces, imagen elitista de esta institución, necesitaba diluirse para acercar la verdadera educación a la gente.

Después de escuchar lo que esa educación de aprendizaje libre y esfuerzo suponía uno de mis profesores favoritos me invitó a ir a verlo cuando quisiese para escuchar las largas conversaciones que llevaba manteniendo con Pierre Bourdieu desde hacía años, en muchos sitios, entre las que aquí  destaco para ser concreto las grabadas  en su despacho del mismísimo  Collège de France.

Tal muestra de generosidad a medida que comenzaba a sumergirme en la obra de uno de mis autores favoritos  me hizo comprender y detestar la mercantilización de la educación desatada  durante los inicios de la  “Toma Corporativa” del Reino Unido, tan bien descrita por Noreena Hertz, y que al final acabaría dejando a la academia totalmente parasitada y succionada.

Digo esto porque los alumnos que venían a ver a mi profesor y yo mismo teníamos la oportunidad de llegar casi hasta la cocina  de una de las instituciones galas más preciadas, tan solo cogiendo un metro,  previo pago del importe de unas  escasas 1.500  libras por nuestras tasas anuales.

Sobre esto a quien le interese también  diré que en aquella época había todo tipo de ayudas estatales para hacer frente a este pago pero que ahora, mucho tiempo después, la cifra ronda las 12.000 libras,  y que el edificio de mi Learning Resources Centre (antigua biblioteca) ahora se llama Business Dock.

También digo esto  porque las puertas de Cambridge se nos abrieron a muchos compañeros y compañeras a través de cursos y seminarios conjuntos organizados por nuestra universidad, la University of East London, y la de Newton o Darwin sin tener que  pagar más que una pequeña cantidad para disfrutar de la oportunidad de lucirnos con los grandes.

La primera vez que me invitaron a uno de estos seminarios para postgraduados, siendo aún un mero estudiante de primero, no pude ir porque estaba enfermo.

Otras veces tuve problemas para encontrar alojamiento y al final, para ser sincero, mi vida de estudiante concluyó sin que hubiese puesto un pie en esa universidad.

Esto no me  impide decir que las oportunidades no me faltaron y que, entre esa familia que todos escogemos y llamamos amigos cuando nos hacemos mayores, se encuentran antiguos alumnos tanto de Oxford como de Cambridge, quienes lejos de llenárseles la boca con sus currículos excepcionales, se sienten  tan orgullosos de sus universidades como yo me siento de mi former polytechnic, la cual en realidad solo se convirtió en una New University  a mediados de los 90, por lo que ésta ayudó a forjar mi vida.

Si quisiese, también, podría ser muy petulante y hablar de toda la gente importante con  Príncipes de Asturias y otros galardones que pasaron por mi uni, o de otros profesores que acabaron en UCLA o, venían de allí, o desde donde les tocara venir en el mundo, con los que tuve la oportunidad de hablar de lo que de verdad me gustaba, que no es otra cosa más que la sociología.

Pero hacer eso ahora mismo, sin embargo, por fundamento, principio, razón y educación básica estaría totalmente en contra del verdadero espíritu de los Homines Academici, descritos por Bourdieu a los que admiro y, que muy al contrario de  esos otros con bonitos certificados carentes de ningún valor científico pero si monetario, son todos de una substance and not spin la cual les impide fanfarronear con sus verdaderas proezas y logros académicos.