Carta abierta a Risto Mejide

Jose Leon B2

José León de la Granja.

Nunca sabe uno lo que le va a deparar el futuro y determinadas circunstancias jamás se piensan ni se planean porque, de ningún modo, están dentro de nuestras expectativas.

Pude ver a Andrés Aberasturi en la entrevista que le hizo Risto Mejide para el programa Chester (Canal Cuatro). Aberasturi tiene una de las mentes más lúcidas y transparentes que he conocido. Su discurso siempre contiene no solo la parsimonia de su voz (el tic tac que daba en tiempos las noticias en televisión) sino también el fondo de una persona y un padre que sabe sufrir y sabe lo que es sufrir. Cris, su hijo, es lo primero.

Mientras muchos llevan música en los móviles para escucharla camino del trabajo, yo acompaño esas canciones de algunas entrevistas a Andrés para recordar y rememorar por qué merece la pena continuar pese a todo.

Risto, tal vez, no estuvo a la altura. Lo que podría haber sido un encuentro para recordar se convirtió, en mi humilde opinión, en un conjunto de preguntas típicas y tópicas para los padres que sufrimos la brutal discapacidad de un hijo.

Así, por ejemplo, Andrés contestó amable y pausadamente a una cuestión que por retórica roza la crueldad: “¿volverías a tener a Cris?”, a lo que Andrés respondió con tono diplomático “no lo sé”. ¿Acaso alguien quiere un hijo que va a tener que sufrir demasiadas intervenciones quirúrgicas? ¿Quizá es aceptable tener un hijo que nunca va a poder decidir por sí mismo y jamás va a ser independiente? No, Risto, no. Esa es mi respuesta.

Pero hubo más: “Si pudieras decirle algo a Cris ¿qué sería?”. Risto, eso es meter el dedo en la llaga. ¿Sólo una oportunidad para decir mil cosas a un hijo? Y de nuevo, Aberasturi supo dar con las palabras claves: “Le diría te quiero”.

Cuando no somos capaces de saber por qué llora un hijo, por qué ríe, que necesita o qué le duele se derrumba una parte de nuestra vida; desaparece esa seguridad que necesita un ser humano y nos convertimos en meros autómatas que intentan dar cariño y amor a alguien qué ¿sabe lo que recibe? ¿Sí? ¿No? Se trata de atender sus necesidades más básicas y rodearle de todas las experiencias posibles.

Y, por último, la pregunta qué más duele a cualquier padre, la qué más sufrimiento produce y la que más nos repetimos internamente quienes vivimos día a día la discapacidad: “¿Qué va a ser de Cris cuando tú faltes?”. Querido Andrés, maestro Aberasturi: chapeau. “Cris tiene hermanos que conocen la responsabilidad que se les viene encima si yo falto; he dicho responsabilidad, que no esclavitud”. Bravo. Seguro que por dentro se desgarró, igual que yo, al escuchar esa pregunta. Rompí a llorar.

Al menos, Risto, te agradezco que me hayas dado la oportunidad de disfrutar de un ser tan entrañable como Andrés Aberasturi.

Termino. Siento dolor, siento soledad y siento frío, pero no cambió a José por nada ni por nadie. Un hijo que sabe que tiene a muchas personas que le aman con locura; que podría tener todo lo que pidiera, pero que alguien o algo han querido que su mundo esté tan limitado y tan condicionado que vivir se convierte en un misterio indescifrable.

Efectivamente, Andrés, esto no es ser padre, es una estafa…