Por favor, no detengan a los ladrones que se llevan los corazones

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nacho diaz

Nacho Díaz.

Sin que se entere nadie, y mucho menos mis jefes, debo decir que el viernes pasado me dejé llevar  por todo menos que por la motivación y espíritu  profesional que toda Annual Staff Conference requiere.

Las ganas por concentrarme de verdad no me faltaron. Sin embargo, nada mas llegar a la sala John Major del Kia Oval Cricket Club, y ver las preciosas fotografiás de las muchas leyendas de este deporte tan enigmático para mi que habían desfilado por allí desde su inauguración allá por principios del siglo XIX, no pude dejar de pensar en Raffles, El perpetrador aficionado, quien mucho antes de que leyese sus libros ya había conquistado mi corazón al verlo interpretado por David Niven.

David Niven como Raffles.

David Niven como Raffles.

 

Todo lo que pueda decir de este magnifico jugador de cricket, caballero ladrón de guante blanco, y  genio de los disfraces no es nada comparado con su grandeza.

Acompañado de su inseparable Bunny sus aventuras alegraron tiempos muy difíciles en mi vida mientras me volvía loco leyendo su inglés victoriano, intentado comprender como planeaba los robos de las joyas mas espectaculares jamás imaginadas, valiéndose de la misma astucia con la que era aclamado en los campos de juego.

Burlando y aterrorizando a toda Scotland Yard y sin dejarse amedrentar por ninguna medida de seguridad Raffles y Bunny siempre conseguían   llegar hasta las joyas, colándose en las mejores fiestas,  asistiendo a las mejores recepciones y codeándose con la realeza, nobleza o con quien eligieran como sus víctimas exquisitas.

Billy Delham, una de las primeras estrellas del Cricket que bien pudo haber aprendido de Raffles  según visto en el Kia Oval Cricket Club

Billy Delham, una de las primeras estrellas del Cricket que bien pudo haber aprendido de Raffles según visto en el Kia Oval Cricket Club

Nadie en el mundo se les podía resistir y si el mismísimo Sherlock Holmes lo hubiese intentado el  mas grande de todos los detectives se hubiese llevado un chasco o, incluso, hubiese hecho la vista gorda ya que Sir Arthur Conan Doyle era cuñado de E.W. Hornung, autor del genial criminal.

Como ocurría con Holmes su vanidad y su ego eran tan grandes que en una de sus historias Raffles, en su afán desmesurado por demostrarse a si mismo que era el mejor, se vio obligado a planear e intentar llevar a cabo, por amor propio, el asesinato perfecto.

Su planteamiento y falta de escrúpulos fueron tales que mientras leía la historia llegué a dudar si en verdad mi héroe era un psicópata sin solución, merecedor solo de lástima y pena.

Su frialdad, en ese caso, lejos de merecer admiración bien podrían haberlo convertido en el anti héroe  por antonomasia si no fuese porque al final la decencia terminó  apoderándose de él para mantener intacta su leyenda.

Después del primer Raffles, el que no acaba expiando sus penas en la guerra contra los bóeres para volver de la muerte, hubo otros muchos ladrones de guante blanco pero ninguno se le podría parecer.

Tal vez, por haber sido interpretado también por David Niven, Sir Charles Lytton, en la única, inigualable e irrepetible Pantera Rosa  sería el único capaz de personificar el verdadero glamur y la auténtica magia con las que estas historias envuelven a los que creemos que, algunas veces, los ladrones pueden ser no solamente buenos sino, también, personajes románticos capaces de robar no solo las fortunas de cualquiera sino también los corazones.

Sobre esto tengo que decir que el final del Raffles con David Niven y Olivia de Havilland a dia de hoy hará llorar a todo aquel o aquella que tenga sentimientos por mucho que se empeñe en negarlo y que, también, otro ladrón de alcobas como John Robi, El Gato, interpretado por Cary Grant en Atrapa a un ladrón, puede conseguir que dejemos abiertas las ventanas y las puertas de par en par cada noche deseando su llegada  para convertirnos en sus “gatitas”, corriendo por los tejados con él como sugeriría  la propia Grace Kelly, su compañera de reparto.

El Gato y su  Gatita

El Gato y su Gatita

Pero volviendo al Raffles de Hornung se me ocurre que la excentricidad y cinismo con los que afronta la vida, sin ningún tipo de escrúpulos , son en realidad el retrato de un hombre atormentado incapaz reconciliarse con sus propios sentimientos, al igual que le ocurre al Simon Temple de Val Kilmer, solo que en el caso del Perpetrador Aficionado  su egolatría le impide dar cariño y amor sincero al bueno y siempre fiel Bunny, quien aguanta los mas terribles desprecios con tal de seguir al lado, no ya del hombre que admira sino que,además , ama en secreto por lo que se puede leer entre lineas.

Esta pareja tan extraña con una relación tan problemática se me antoja de algun modo similar, aunque salvando las distancias, a la que formaron Richard Burton y Rex Harrison en La escalera de Stanley Donen donde todo lo divertido que pueda, en teoria, tener la vida de una pareja gay de peluqueros en el East End londinense de los años cincuenta, lo tiene también de triste por el momento en que les tocó  vivir y el alto precio que debían pagar, entre otras cosas, por osar vestirse como mujeres.

Por este motivo también pienso que el final esperado desde un principio de Raffles en una época de rigurosa y estricta moral donde un ladrón no podía ni ser caballero, ni salirse con la suya, en algún momento podría ser entendido como la reacción lógica contra un relación contraria a las leyes del imperio, las cuales castigaban el amor que no tenía nombre.

La escalera

La escalera