Ha nacido una estrella

nacho diaz

Nacho Díaz.

Tras tragar mucha bilis, morir casi empachado de rabia, y desear que la tormentosa y larga noche pepera se acabara para siempre, dando luz al origen del nuevo mundo, lo único que puedo decir es que la heroicidad del Presidente Pedro Sánchez me ha hecho sentir lo mismo que hiciera  el único y  gran Marlon Brando, la primera vez que lo vi, interpretando a Marco Antonio en su famoso discurso a las puertas del Senado honrando y pidiendo justicia, para la gloriosa figura del  César John Guielgud   después de que este fue cobardemente asesinado.

A lo mejor hablar de una obra de Shakespeare para referirse a un político español pueda resultar no solo pedante sino también fuera de lugar.

Sin embargo, mi fe ciega desde el principio en lo que al final acabó pasando, me hizo desear el  momento en que Sánchez subiese a la tribuna y de algún modo evocara en su estilo o, al menos yo así lo quise ver,  el famoso“ Friends, Romans, countrymen, lend me your ears; I have come to bury Cesar, not to praise him”, teniendo muy claro que aunque Zapatero  y, el mejor González, hubiesen sido Césares  en su momento, no se estaba refiriendo a ellos pero si al gran espíritu de la dignidad, solidaridad y esperanza que solo la verdadera socialdemocracia puede representar.

Una socialdemocracia que nunca volverá  a ser asesinada por “hombres honrados” como Bruto, Bárcenas , Zaplana, Rajoy y el resto de la cuadrilla de usurpadores y ladrones que los acompañaron en sus conspiraciones para instaurar la tiranía, con la ayuda de los valedores de la ya, por fin, humillada y abochornada democracia demoscópica.

Democracia esta  de palabras bonitas sin sentido, interpretada por actores nefastos que buscan su gloria siguiendo los peores procesos de selección de personal, memorizando hasta la saciedad de forma casi compulsiva, monótona y repetitiva,  lineas escritas por los mas soporíferos directores comerciales pensando que, en su pueblerina y estrecha concepción de la vida, podrán hacer ganar  a sus figurantes el mismo  César  francés que el propio Macron parece haberse adjudicado,pese a  su cada vez mayor rechazo de la crítica popular,  sin darse cuenta que el Brando patrio, ya ha ganado en Cannes, arrasado en la Berlinale y va camino de conseguir más en Hollywood, que todo lo que puedan conseguir  los talentos juntos de, Amenabar, Almodovar, Bardem, Banderas, y Cruz, con la gran superproducción que dirige desde hace poco en España.

Tal ambicioso proyecto parece, siendo optimistas, destinado a acabar con la cultura de “realities Trumpetianos”, creadores de Ciudadanos Populares, cívicos si no roban o, injustamente linchados si lo hacen,  que lo mismo convierten  los culos de una familia entera en un modelo de negocio multimedia global, que se inventan himnos nacionales, o incluso ponen bailar a un Cristo, sin saberlo, en un montaje tan homoerótico para los que lo vieron en el extranjero, como horrendo para los que conocen la historia de la legión, cuyo fundador aun da nombres a calles en vez de a los peores basureros.

Igual sigo creyéndome muy optimista pero tras comenzar esta columna recordando a Julio César,  he pensado que dentro de poco la consigna pseudo oficial del gobierno saliente derrotado y la de sus socios de investidura, en pleno proceso de “rebranding”, del  “Muera la Inteligencia” ya no va a mandar a más` raperos o tuiteros a la carcel, ni tampoco imponernos  su retrograda idea de patria, ni mucho menos obligarnos a convertirnos en partners de la  Marca España para acceder a las necesidades básicas  que garantizan la mínima condición humana.

A lo mejor,  también, con un poquito de suerte, hasta conseguimos que la Iglesia pague impuestos para que la cantidad de obispos desgraciados y mal nacidos que ladran en todas partes desde ahora puedan permitirse una pensión justa, y así se queden dormidos cada noche pensando que, de verdad, han vivido al menos un ratito como hombres y no como mantenidos de quienes urgían  alimentarlos para comprarse la entrada en el cielo después  de haber sembrado en vida las semillas del infierno, con las mismas nauseas  que debió sentir Mariano, acorralado en el restaurante, rodeado por los que solo son ahora  la caricatura sin gracia de la Santa Compaña.