Con el compañero Allende presente ¡ahora y siempre!

Nacho Díaz.
Con él y con otros muchos, vivos entre nosotros, o vivos por siempre en la memoria, después de haber sido torturados, asesinados o condenados a una fosa anónima, si es que sus verdugos tuvieron a bien el enterrarlos, tuve el orgullo de manifestarme frente a la embajada chilena para pedir justicia por las víctimas de la represión Pinochetista en el día del 45 Aniversario del Golpe.
Sabía que me esperaba algo especial y emotivo pues, quien me invitó , la compañera Pelusa, una mujer chilena que aun dice, con mucha razón, vivir en el exilio, llevaba un precioso bordado hecho a mano del mapa de su tierra, donde se contaban 307 rosas, en honor de los 307 niños, asesinados por el dictador quienes, al igual que sus mayores, de nada tuvieron culpa salvo de no haber nacido fascistas asesinos como sus opresores.
Más de 200, solo, murieron en la región metropolitana de Santiago.
El resto de cadáveres menudos se extendió por todos aquellos lugares del mapa donde había rosas para evocarlos.

La compañera Pelusa con el mapa de los infanticidios
La idea de traerlos de nuevo a la vida nació de una exposición que recorrió varias universidades del Reino Unido para honrar y preservar el trabajo de los presos políticos durante la represión, que se ganaban la vida en las cárceles haciendo manualidades para poder mandar algo de dinero a sus familias.
Muchas fotos y muchos recuerdos con testimonios hicieron posible esta exposición, la cual acabó originando un movimiento en la diáspora chilena de bordado por la memoria con el fin de traer vivos a sus seres queridos y, perdidos, a Londres, ciudad donde “El Perro” estuvo preso sin que en verdad la justicia recayera sobre el dictador, mientras vivía encerrado en su jaula de oro, tomando te con la Baronesa Thatcher.
Compañeros y compañeras de Alemania estuvieron presentes con sus bordados, como también lo estuvieron los bordados que llegaron de Canadá, hechos tanto por manos de hombres como de mujeres.
En todos se podían leer los nombres de los asesinados o desparecidos pero no en todos, por desgracia, se podía ver sus rostros pues ni una imagen tan siquiera quedaba de muchos ajusticiados en nombre del progreso económico, la libertad y el bienestar, amparados, y promovidos paradójica y brutalmente por uno de los estados represores más grandes que la historia haya jamás conocido.

Compañeros y compañeras de los compañeros y compañeras ejecutados y desaparecidos
Por suerte, esa falta de rostros de algunas víctimas se vio suplida por un montón de alegres palomas llamadas cada una individualmente como cada sentencia de muerte, vejación, o abuso de derechos humanos, firmada contra quien hoy sigue volando tan alto como la libertad lo permita, confundiéndose con el cielo y la tierra, camino a las estrellas, para gloria y honor de su memoria e inspiración de quienes los recuerdan, y aun no pueden llegar tan alto como el lugar donde habitan sus legados.

Palomas
Recuerdos y legados algunos que parecen seguir secuestrados por la negligencia de sucesivos gobiernos chilenos para aniquilar la impunidad de quienes fueron cómplices de crímenes contra la humanidad, empeñándose en negar y condenar el robo del mayor derecho humano, el cual no es otro mas que el de poder mantener la propia vida, sea cual sea su ideología, sobre todo si esta solo pide y llama a la lucha por pan, agua, trabajo, tierra, y/o macho o hembra.

En memoria de un ejecutado del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria)
A quien lo dude me gustaría contarle los momentos entrañables que pasé escuchando en voz viva las canciones que se compusieron en aquella época y, todavía hoy, siguen moviendo el mundo, mientras quienes leían los nombres de las más de 5.000 victimas del odio Pinochetistas, tomaban un descanso para continuar evocando con más fuerza, ganas, y empeño a las que todavía quedaban sin nombrar, movidos por el poder de unas letras que, entre otras cosas decían “El pueblo unido jamas será vencido” o “Por los hijos que te matan yo te nombro libertad”.

La compañera Patricia Angélica Quiroz Milo junto a otros de sus compañeros.