Los Bienes de Interés Cultural de la región, cerca a los madrileños

Bienes de Interés Cultural

MADRID. La Comunidad de Madrid quiere dar a conocer los Bienes de Interés Cultural (BIC) de la región y acercárselos a todos los madrileños durante el confinamiento provocado por la crisis del COVID-19. Para ello, ha reunido en un una web diez de los últimos BIC declarados por el Gobierno regional desde el pasado mes de septiembre de 2019

La consejera de Cultura y Turismo, Marta Rivera de la Cruz, ha señalado que “conocer el patrimonio cultural es el primer paso para aprender a cuidarlo y, desde la Comunidad de Madrid, una de nuestras prioridades es acercar ese patrimonio a todos los ciudadanos y garantizar el acceso a la cultura”. Sin duda, las nuevas tecnologías “son un excelente instrumento de comunicación, difusión y conocimiento, como se está demostrando en estos tiempos del COVID-19. Y, desde la Consejería, queremos facilitar al máximo la difusión cultural con iniciativas como este link que recoge los últimos BIC aprobados en la Comunidad de Madrid”, ha continuado Rivera de la Cruz.

Una de las formas de protección del patrimonio cultural es la declaración BIC de obras relevantes, para asegurar el mantenimiento de sus valores y su transmisión a las futuras generaciones. Esta calificación de BIC supone además una mayor protección legal y una garantía reforzada para su conservación.

Pintura, escultura y arquitectura a lo largo de diez siglos

Los últimos Bienes de Interés Cultural declarados por la Comunidad de Madrid abarcan desde obras del barroco pictórico, con pinturas de Zurbarán, Alonso Cano y Velázquez, a fortificaciones de la Guerra Civil o destacados ejemplos de arquitectura religiosa, desde el siglo XI al siglo XX.

Así, el cuadro de San Francisco, de Zurbarán, uno de los pintores más sobresalientes del Siglo de Oro español, muestra el talento del autor para representar la religiosidad y la mística, habilidad esencial en el arte español del siglo XVII. Sin fecha ni firma, está considerada obra autógrafa, siguiendo una tipología y una temática franciscana habitual en Zurbarán pero escasamente representada en las colecciones públicas españolas.

Otro de los BIC, el conjunto de Alegoría del fuego y Alegoría de América de Guillermo de Anglois, son dos modelos o cartones para sendas colgaduras de la tapicería del dormitorio de Carlos III en el palacio Nuevo de Madrid. Los tapices correspondientes formaban parte de la cama. Realizados en lana, oro, plata y seda, se conservan en los almacenes del Palacio Real de Madrid. Anglois incorpora en las Alegorías una serie de motivos decorativos que hasta ese momento no se habían utilizado, a base de grutescos, roleos de flores, animales y pájaros.

El cuadro María Magdalena en el desierto, atribuida a Alonso Cano, muestra un planteamiento alejado de cánones tradicionales. De gran belleza, intuición compositiva y excepcional tratamiento pictórico, Cano recrea la figura humana envolviéndola en refinada belleza y sensualidad. Destaca la composición apaisada, así como los valores cromáticos y el tratamiento de la luz.

Otra de las piezas protegidas más importantes es Retrato de un clérigo, atribuida a Diego Velázquez. Se trata de una obra de destacable calidad técnica y artística. Es un claro ejemplo del tipo de retrato que se estaba desarrollando en torno a la corte en el siglo XVII. La atribución al pintor viene dada por semejanzas de calidad y de técnica con obras velazqueñas de la década de los veinte, entre los años 1623 y 1629.

La escultura también tiene su representación en este grupo de Bienes de Interés Cultural con La Inmaculada, atribuida al escultor granadino Pedro de Mena. Pertenece al Real Monasterio de Carmelitas Descalzas de Santa Teresa. Esta Inmaculada constituye uno de los escasos bienes ligado a la historia del primitivo monasterio de más de trescientos años de historia. Es una obra pequeña, propia de clausuras o devoción doméstica, cuyo ingreso en el convento probablemente se debió a la donación de un protector o devoto. Su gran calidad técnica se demuestra en el tratamiento del manto, en los numerosos plegados que dan volumen a medio cuerpo y en las mangas de gran riqueza de pliegues que dejan ver los puños de la camisa de innumerables fruncidos.

Como arquitectura, dentro de la categoría de bienes inmuebles declarados Bienes de Interés Cultural, destaca el Blockhaus 13, en Colmenar de Arroyo. Constituye la máxima expresión de la arquitectura militar del periodo de la Guerra Civil en la Comunidad de Madrid. De hecho, fue declarada Zona de Interés Arqueológico, el 3 de diciembre de 2019. Es la única construcción de esta tipología llevada a término y uno de los pocos ejemplos de los que se cuenta con datos concretos sobre el contexto de su construcción. Está incluido en el Plan de Fortificaciones de la Guerra Civil de la Comunidad de Madrid, que tiene como objetivo la revitalización del patrimonio local planteando un proyecto cultural común, basado en el binomio paisaje y patrimonio, a partir de la localización, catalogación, conservación y difusión de los restos materiales de la guerra en la región.

Con un estilo muy diferente, el Convento-Monasterio de San Julián y San Antonio de La Cabrera es el testimonio de lo que fueron estos conjuntos monásticos y su función desde un punto de vista histórico, social, arquitectónico, económico y cultural. Está formado por una iglesia, numerosos restos de diferentes dependencias que se fueron construyendo a lo largo del tiempo y una zona de terrazas dedicadas a huerta y jardín dotados de un sistema hidráulico de riego. La iglesia románica, posiblemente perteneciente a un monasterio benedictino, y construida hacia finales del siglo XI, responde a un proyecto de gran originalidad y valor arquitectónico.

Otro de los conjuntos arquitectónicos más importantes es el Convento, Teologado e Iglesia de San Pedro Mártir de los Padres Dominicos en Madrid. La obra de Miguel Fisac es trascendental por sus aportaciones a la arquitectura española del siglo XX. El conjunto ha preservado a lo largo del tiempo la concepción arquitectónica original de la construcción, manteniendo sus valores originales intactos. Fisac estimaba que las iglesias debían acoger o moldear un ‘trozo de aire sagrado’ que reconectase al usuario con el misterio de lo divino.

La Iglesia parroquial de Santa María la Blanca en Canillejas constituye un sencillo ejemplo de arquitectura religiosa rural de los siglos XV y XVI. Sin embargo, tiene el enorme interés de conservar dos techumbres de madera con decoración de lazo de tradición mudéjar, de mediados del siglo XVI, que sobresalen tanto por su buena técnica como por su valor artístico. Destaca también el friso con decoración de esgrafiado a la cal que recorre todo el perímetro de la cabecera, donde se ponen de manifiesto las novedades renacentistas tanto en la técnica como en los elementos decorativos. Esta modalidad ornamental cuenta con escasos ejemplos en la Comunidad.

Y el último de los Bienes de Interés Cultural seleccionados, la Casa de Lucio Muñoz en la localidad de Torrelodones, fue construida en 1962. Constituye una de las primeras obras del arquitecto madrileño Fernando Higueras. Se hizo por encargo de sus primeros propietarios, los conocidos pintores Lucio Muñoz y su mujer Amalia Avia. Fernando Higueras no se sometía a las tendencias dominantes, adelantándose en su tiempo a corrientes internacionales. Las cuatro características más significativas que definen su arquitectura son la tradición, las analogías orgánicas y biológicas con la naturaleza, el estructuralismo y la gran creatividad. La casa es uno de los más importantes ejemplos de vivienda unifamiliar de la segunda mitad del siglo XX.